Como cualquier gran destino turístico, París tiene sus estafas bien conocidas, concentradas cerca de los lugares más visitados y en los transportes más abarrotados. Ninguna de ellas es violenta, se basan sobre todo en la sorpresa o en una simpatía forzada, pero conviene conocerlas antes de viajar para no dejarse sorprender. Estas son las trampas más habituales y los gestos sencillos para evitarlas.
Los alrededores del Sagrado Corazón
Las escaleras frente a la basílica, y la colina de Montmartre en general, siguen siendo uno de los lugares de París donde más se aborda a los visitantes. La gran afluencia concentrada en un espacio reducido lo convierte en un terreno ideal para vendedores ambulantes y falsos recolectores de donativos. Basta con un poco de atención: mantén las distancias con quien insista en hablarte o en agarrarte la muñeca, y sigue caminando sin detenerte.
El metro y las escaleras mecánicas abarrotadas
Las líneas muy concurridas, sobre todo en hora punta y en los tramos más turísticos como la línea 1, son terreno propicio para los carteristas. Aprovechan el amontonamiento al subir o bajar del vagón, o los empujones cerca de las puertas, para actuar sin llamar la atención. Lleva el bolso por delante, guarda el móvil y la cartera en un bolsillo cerrado, y mantente atento en los pasillos de correspondencia más transitados.
La pulsera de la amistad y la falsa petición
Un desconocido se ofrece a atarte una pulsera de la suerte en la muñeca, o te tiende una petición para firmar a favor de una asociación benéfica, a menudo cerca de las escaleras del Sagrado Corazón, el Trocadero o el Campo de Marte. En cuanto la pulsera queda atada o ha captado tu atención, te reclama dinero, a veces con insistencia. La respuesta más segura es no firmar nada, no dejar que te aten nada en la muñeca y seguir caminando sin detenerte.
El anillo de oro encontrado y los juegos callejeros amañados
Alguien encuentra convenientemente un anillo de oro justo delante de ti y te pregunta si es tuyo, antes de ofrecértelo barato, un objeto sin ningún valor real. En las plazas más turísticas también puedes encontrarte el juego de los cubiletes o de las tres cartas, donde la bola parece fácil de seguir: siempre está amañado, y quienes a tu alrededor parecen ganar forman parte del montaje. En ambos casos, la regla es simple: no te detengas y no saques dinero.
Los taxis con el taxímetro acelerado
La gran mayoría de los taxistas parisinos son honestos, pero algunos, sobre todo cerca de las estaciones y los aeropuertos, alargan el trayecto o aplican una tarifa nocturna en pleno día. Para evitar contratiempos, toma un taxi directamente en una parada oficial, reconocible por su señal, o reserva a través de una aplicación de taxi o VTC autorizada que muestre el precio antes de salir. Un recibo impreso por el taxímetro es tu mejor garantía en caso de reclamación.
Las cartas que cambian de precio una vez sentado
Cerca de los lugares más turísticos, algunos restaurantes exhiben una carta atractiva en el escaparate y luego sirven una carta distinta, más cara, una vez que te has sentado. Antes de pedir, comprueba que los precios expuestos fuera coinciden con los de la carta que te presentan, y no dudes en volver a preguntar el precio de un plato o de una botella de agua si no aparece indicado. En caso de duda, prefiere los locales situados a un par de calles de los monumentos, normalmente más honestos y más baratos.
Consejos
Ninguna de estas estafas es violenta: se basan en la sorpresa, la simpatía forzada o la distracción, nunca en la fuerza física. El mismo reflejo sencillo funciona en todas las situaciones: sigue caminando, no saques la cartera en público y declina con firmeza pero con educación. También conviene guardar una foto de tu documentación y tus tarjetas en el móvil, por si acaso. Estas situaciones siguen siendo poco frecuentes frente a los millones de visitantes que recorren París cada año sin el menor contratiempo. Con un poco de sentido común, como en cualquier gran ciudad, capital o lugar muy turístico, disfrutarás plenamente de tu estancia: París sigue siendo una ciudad segura para los viajeros que simplemente mantienen los ojos abiertos.